1.1. El relieve peninsular
El relieve de la Península Ibérica ofrece los siguientes rasgos generales:
- La forma maciza de la península Ibérica, que conforma un «cuadrilátero» de 581.353 km2 a consecuencia de la gran extensión del bloque (700 kilómetros en latitud y más de 1000 en longitud), lo estrecho del istmo de unos 440 km, que lo une al continente europeo, y lo poco articulado de sus costas (excepto en Galicia, en las que predominan unas costas de trazado rectilíneo, determinan de forma nítida las características observadas en la misma.
La elevada altitud media. España se encuentra a 660 metros de altura sobre el nivel del mar, altitud sólo superada en Europa por Suiza (1300 m.), siendo el promedio del continente de 297 m. Esta altitud no es el resultado de la presencia de altas cimas y grandes y elevadas cordilleras, sino de dos realidades: la abundante montaña media y la extensión que ocupan las llanuras elevadas. Por eso, casi el 90% del territorio se halla a más de 200 metros por encima del nivel del mar.- El relieve se organiza en torno a la gran unidad central de la Meseta, alrededor de la que se disponen las restantes unidades del relieve, formando una muralla montañosa en la periferia peninsular que encierra y aísla el interior de la Península. Este gran bloque central elevado, sólido y suavemente inclinado hacia el océano Atlántico, se llama Meseta. Ésta es responsable de la elevada altitud media de la Península (ronda entre los 600 y 800 metros de altitud sobre el nivel del mar) y tanto de la organización de buena parte de las unidades del relieve como del sentido de la red hidrográfica.
- La disposición periférica de los relieves peninsulares, como ya hemos indicado, que ha de entenderse en relación con la Meseta y en relación con el contorno de la Península, en cuyos límites se encuentran las principales cordilleras españolas. Ambas circunstancias son responsables del aislamiento de la Meseta y de la escasa influencia marina en el interior peninsular.
- La orientación dominante oeste-este de las unidades del relieve peninsular. Esta orientación coincide con los paralelos geográficos y tiene claras consecuencias geográficas, relacionadas, por ejemplo, con la desigual distribución de las precipitaciones en el interior de la Península. Esta configuración del relieve peninsular es la principal responsable de las peculiaridades físicas de la Península: su influencia sobre el clima es decisiva, así como sobre la vegetación y la red fluvial; condiciona la agricultura, la población (distribución muy desigual entre el interior y el litoral) y las vías de comunicación.
Además, España está formada por dos archipiélagos: el balear, en el mar Mediterráneo, cuyo relieve está relacionado con el peninsular, y el canario, en el océano Atlántico, con un relieve de origen volcánico. Geológicamente, las Islas Baleares tienen su origen en el plegamiento alpino y, así, resultan ser la continuación de las dos cordilleras alpinas del Mediterráneo: Mallorca e Ibiza son fragmentos emergidos de la cordillera Subbética; Menorca está ligada a la cordillera Costero-Catalana. Las costas serán arenosas, excepto en el norte de Mallorca y Menorca en la que las sierras llegan hasta el mar dando lugar a zonas acantiladas. Las Islas Canarias son de naturaleza volcánica, por lo que encontraremos los tipos de relieve característicos: conos volcánicos, calderas, malpaíses, diques, roques, barrancos y glacis. En sus costas predominan los grandes acantilados, teniendo escaso desarrollo las playas, más frecuentes en las islas orientales.